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Todos tenemos una experiencia que contar acerca del amor materno; algunos cuentan que el amor de su madre les ha hecho posible vivir su vida de manera exitosa, otros cuentan que la falta de amor de su madre es la causa de sus fracasos, de su sufrimiento y de sus inseguridades. Hay madres que dudan de su capacidad de sentir el amor materno y otras que comentan que el amor para sus hijos es infinito e incomparable. No existe ni una persona que no tiene alguna experiencia importante acerca del este tipo de amor. Pero, ¿qué es el amor materno?, ¿cómo se define? y ¿de qué manera se distingue de otros tipos de amor?

Para empezar, no existe solo una definición del amor materno; este ha sido objeto de infinitos estudios filosóficos y psicológicos, de obras de artes y de literatura. Incluso, también en la religión católica el amor materno siempre ha jugado un papel fundamental. En función de acercarse a una definición, el filósofo Erich Fromm (1959) escribe sobre este tipo de amor:

“El amor materno es una afirmación incondicional de la vida del niño y sus necesidades. Esta afirmación presenta dos aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación de la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que inculca en el niño el amor a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es buenos ser una criatura, es bueno estar sobre esta tierra” (1)!

Este segundo aspecto es comparable con lo que Erik Erikson llama la Confianza Básica, la cual surge a partir de una respuesta oportuna, estable y previsible por parte del cuidador ante las necesidades del bebé (2). Según el psicoanalista, la Confianza Básica representa la base y el fundamento de un desarrollo infantil adecuado y sano, ya que le dará al niño las herramientas de manejar los retos con los cuales se verá enfrentado durante su proceso de desarrollo.

Según la terapeuta y escritora Laura Gutmann, el amor maternal se basa en una fusión emocional entre madre y bebé, en la cual viven ambos después del nacimiento. La madre siente como propias las emociones del bebé y el bebé siente como propias las emociones de la madre. Esta fusión emocional se complementa con la simbiosis corporal de madre y bebé. Podemos observar por ejemplo que el cuerpo de la madre responde ante el hambre del bebé; incluso, es tan fuerte la conexión corporal que muchas madres pueden sentir el hambre de su bebé, aunque no están con él (3).

De este estado de fusión inicial resulta, según Fromm, una de las características más importantes y diferenciales del amor materno: su finalidad es la separación (4). Todo el esfuerzo maternal, el cuidado, el apoyo, el sostenimiento emocional, tienen como fin que el niño crezca, se independiza y finalmente se separa de su madre. Mientras el amor de pareja lleva a que dos individuos separados se convierten en uno solo, el amor materno lleva a que dos seres que fueron uno se separan. De hecho, para Fromm el amor materno se demuestra a partir de la voluntad de la madre de permitir que su hijo se separa de ella; un acto que representa el reto más grande de la maternidad y al mismo tiempo la forma más pura del amor. En la voluntad de la madre de acompañar y apoyar a su hijo en su proceso de separarse de ella, encontramos el altruismo en su estado más puro; o como dice Laura Gutmann: “En una relación saludable, los padres ofrecerán al niño todo a cambio de nada” (5).

Pero, ¿cómo se construye el amor materno? El amor materno resulta de una mezcla de factores biológicos y de factores ambientales. Ya que hemos visto que el amor materno es una condición para la vida humana, es solo lógico que la naturaleza creó ciertos procesos fisiológicos que garantizan este amor. En este sentido, el amor materno se relaciona con el complejo sistema hormonal femenino que se activa durante el trabajo de parto y el parto. Odent lo describe de la siguiente forma: “Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos. Es entonces cuando se establece esa relación de apego o vínculo, ya que los opiáceos crean un estado de dependencia” (6). De esta forma, la naturaleza garantiza que la simbiosis del bebe con la madre vivido durante el embarazo se mantiene fuera del útero (para conocer más sobre la fisiología del parto la función del sistema hormonal consulta entre otros Michel Odent – El Nacimiento y Los Orígenes De La Violencia).

Sin embargo, el amor materno también depende de manera importante de ciertos factores ambientales. Primero que todo, para que la iniciación del proceso biológico se puede dar de manera adecuada es fundamental respetar ciertas condiciones ambientales durante el embarazo y en el momento del parto y nacimiento. Hay que garantizar ciertas condiciones que le permiten a la madre conectarse consigo mismo, con su cuerpo y con su bebé para que se dé la liberación de las hormonas (en el próximo capítulo hablaré más de estas condiciones). Y luego, el amor de una madre hacia sus hijos también depende de su estructura psicológica, resultado en gran parte de su experiencia acerca del amor o de la falta del amor por parte de su propia madre.

Por otra parte, el amor maternal se relaciona con la intuición maternal; un recurso esencial que nos ofrece la naturaleza para garantizar el bienestar de nuestros bebés Esta intuición se da a partir de la fusión emocional de la cual habla Laura Gutmann; si después del nacimiento, madre y bebé viven en un mismo campo emocional, no sorprende que la madre puede sentir ciertos estados de ánimo o ciertas necesidades del bebé que otras personas no logran de percibir. Además, se ha demostrado que la madre experimenta un aumento de sensibilidad después del nacimiento de su bebé. Todo su sistema biológico y psicológico se adapta para poder vivir completamente en función de su cría: se intensifican sus sentidos, puede vivir con poco sueño, se reduce su deseo sexual, etc. En verdad, la madre siente a su bebé en estos primeros meses con todo su cuerpo y con todo su ser. Lastimosamente, es común despreciar la intuición materna y confiar de manera casi ciega en el conocimiento y las experiencias de terceros (como profesionales de salud, de psicología, etc.). Esta situación ha llevado a que muchas madres ya no confían en su intuición maternal.

Analizando los diferentes aspectos del amor materno, se evidencia su gran importancia para un desarrollo sano de la persona; sin él simplemente fuéramos cuerpos vivos. Es el amor materno que nos forma como seres de corazón y alma. En este sentido, podríamos llegar a la conclusión, que el amor materno constituye uno de los pilares fundamentales de la humanidad.

  1. Fromm, E. (1959). El Arte de Amar. Paídos, p. 54
  2. Erikson, E. H. (1980). Identity and the life cycle. New York, NY, US: W W Norton & Co.
  3. Gutmann, L. (2010). Mujeres visibles, Madres invisibles. Del Nuevo Extremo; Edición: First (11 de junio de 2010)
  4. Fromm, E. (1959). El Arte de Amar. Paídos, p. 54-56
  5. Gutman, L. (2013). La Biografía Humana. Una nueva metodología al servicio de la indagación personal. Gurpo Eidtorial Planeta, S.A.I.C., p. 69
  6. Odent, M. (2003). El Nacimiento y los Orígenes de la Violencia. Revista Ostare nº 7, invierno 2002 (pp.46-50)