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El concepto del desarrollo cognitivo se refiere al desarrollo de todas las funciones que sirven para reconocer y comprender el entorno y a mí mismo, como son las funciones de pensar, percibir, resolver problemas, memoria, lenguaje, etc. Según el psicólogo suizo Piaget, el desarrollo cognitivo comienza con la percepción sensorial para más tarde pasar al pensamiento abstracto a partir de esquemas operacionales (1). Desde su nacimiento, el bebé percibe estímulos de su alrededor a través de sus sentidos, reacciona de manera activa frente estos y percibe un efecto de sus actos. En este sentido, Piaget destaca que es el niño quién construye de manera activa sus estructuras de pensamiento.

Durante los primeros dos años de vida, el desarrollo cognitivo todavía no implica procesos de pensamiento, sino que se basa en los sentidos y la percepción de estímulos externos o internos. El aprendizaje se da a partir de la observación de los efectos generados por los propios comportamientos; por ejemplo, si hala, toca, mueve o tira algún objeto. Al principio serán actos de repetición, luego se volverán pequeños experimentos. Si tu hijo, por ejemplo, está sentado en su silla de comer y tira su vaso lleno de jugo, está realizando un experimento para comprender, qué es lo que pasa si un vaso de jugo se cae. En este sentido, podemos concluir, que el hecho de tirar su vaso es importante para su desarrollo cognitivo (aunque para nosotros como padres es un hecho muy molesto). Con los doce meses aproximadamente, el niño aprende que las cosas siguen existiendo, aunque no las vea. Como descrito más arriba, este aprendizaje tiene un efecto importante en cuanto a su desarrollo emocional, ya que ahora empieza a comprender que sus padres, aunque no los vea, siguen existiendo y, por ende, los volverá a ver, aunque se ausentan por un tiempo.

Para apoyar el desarrollo de nuestros bebés en estos primeros años, podemos procurar que recibe muchos estímulos sensoriales, los cuales abordan todos sus sentidos. Esto se puede realizar a partir de las acciones diarias: el baño, nuestro abrazo, un masaje o el viento al salir de un paseo estimulan su sentido de tacto; nuestra cara, las hojas que se muevan en un árbol o los movimientos de las personas, animales u objetos estimulan su sentido visual; nuestra voz a hablar o cantar, los ruidos de la calle, el canto de los pajaritos, la música o los ruidos de la cocina al ponernos a cocinar con él o ella al lado estimulan su sentido auditivo; los diferentes sabores de la leche materna o de la alimentación complementaria estimulan su sentido del gusto. Debemos brindarles espacios con múltiples estímulos sensoriales, como la naturaleza: acostarlo en la grama de un parque, dejarlo experimentar la arena, darle una hoja de un árbol para que juega con ella, ponerlo debajo de un árbol para que observe el movimiento de las hojas, etc. Lo podemos llevar a hacer compras donde verá cosas de muchos colores y formas que no conoce, lo podemos poner a nuestro lado cuando cocinamos o cuando colgamos la ropa y hablarle sobre lo que estamos haciendo.

Cuando el niño ya empieza a experimentar los efectos de sus comportamientos, debemos brindarle espacios seguros en los cuales puede tocar todo lo que ve y todo lo que le interesa. Además, le podemos brindar objetos de diferentes texturas, colores y formas, aquí también nos puede ayudar la naturaleza o cualquier cosa que tengamos en la casa (una cuchara, un vaso de plástico, una prenda de ropa, un libro, un pañito húmedo, etc.). Le podemos dar una olla y una cuchara de madera para que haga sonidos. Lo podemos bañar poniéndole juguetes que le permiten experimentar el agua u ofrecerle alimentos de diferentes texturas y sabores para que los toque, manipule y saborea. Puedes ofrecerle una caja de cartón en la cual se puede esconder o la cual puede llenar de cosas. Como ya dije anteriormente, los estímulos para un bebé se encuentran en todas partes, solo debemos dejarlo sentir y experimentar.

A partir de los dos años, Piaget habla del estadio pre-operacional, el cual está relacionado con la adquisición del lenguaje. El lenguaje permite al niño utilizar símbolos y generar representaciones mentales de las cosas. Ahora es capaz de imaginarse las cosas, aunque no las ve. Esto permite al niño a empezar a representar el mundo en su juego, desarrollando juegos de roles o utilizando ciertos objetos para representar otros (por ejemplo, un palo puede volverse una cuchara). En este tiempo, no es necesario que el niño tenga miles de juguetes, ya que puede convertir cualquier objeto en el objeto que necesita para su juego. Lo que necesita, es una persona que se sienta a jugar con él o ella, que le sigue el juego que propone o que le de impulsos para desarrollar nuevas ideas. Muchas veces a los niños de esta edad les gusta representar en su juego el mundo que ven, por eso juegan al cocinar o a la mamá y el bebé. De esta manera, aprenden sobre el mundo alrededor y sobre los comportamientos de las diferentes personas. Al mismo tiempo, podemos apoyarlo en desarrollar su lenguaje, explicándole las cosas que ve, hablándole, jugando, contándole historias o cantando juntos.

El desarrollo cognitivo del niño se da a partir de la experimentación del mundo, de su mundo interior como también del mundo exterior. Es una característica del ser humano que desea comprender lo que no conoce, en este sentido, podemos concluir, que el niño aprende conociendo y experimentando el mundo en el que vive.

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  1. Piaget, Jean (1946) La formación del símbolo en el niño, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. Ed. F.C.E. México, 1961