Parenting

Los padres todos criamos, pero ¿en algún momento nos hemos sentado a pensar en lo que implica el acto de criar? ¿cómo se define el concepto de crianza? ¿cuál es la finalidad de la crianza? Para ejercer la crianza, seguro que no es un requisito haber reflexionado sobre estas preguntas, sin embargo, me parece valido y enriquecedor pensar de vez en cuando en lo que queremos lograr con nuestros actos, para verificar si estamos en el camino correcto. Si, por ejemplo, creemos que la finalidad de la crianza es crear seres humanos obedientes hacia la autoridad, porque creemos en un modelo social autoritario, tenemos que enfocar nuestra crianza en aquello para lograrlo. Si, por el contrario, creemos que la finalidad de la crianza es crear seres humanos independientes que piensan por sí mismo, porque creemos en la democracia, nuestra forma de criar se tendrá que acomodar a esta finalidad. Obviamente no hay solo estas dos opciones, blanco y negro, sino que existe un rango grande de diferentes variaciones de gris. Lo que quiero destacar aquí es, que, antes de tomar acciones enfocadas en la crianza de nuestros hijos, vale la pena reflexionar sobre lo que queremos lograr con estas acciones.

Como elementos claves de la crianza se han identificado el nivel de responsividad o soporte que brinda el padre a las necesidades del niño (apoyo afectivo) y el nivel de demanda o el control, que se entiende por la demanda del padre hacia el niño en cuanto a ciertos comportamientos (control o regulación) (1,2). Se puede concluir que los diferentes estilos de crianza varían en cuanto a su nivel de apoyo afectivo y en cuanto a su forma y su nivel de control y regulación. En este contexto, el estilo autoritario pone mucho enfoque en el control y poco en el apoyo afectivo, mientras el estilo democrático pone su enfoque tanto en el control como también en el apoyo emocional. El estilo permisivo, por otro lado, enfoca el apoyo emocional pero niega el control y la regulación. Y cuando se niega tanto el apoyo emocional como también el control se habla de un estilo negligente. Por ende, dependiendo del objetivo que queremos lograr con nuestra crianza como padres, ponemos más enfoque en el elemento del apoyo emocional o en el elemento del control.

Anteriormente, la discusión del concepto de crianza se limitaba a analizar y definir el comportamiento de los padres hacia los hijos; desde los finales del siglo pasado, sin embargo, este enfoque se complementó, incluyendo también los comportamientos de los hijos hacia sus padres.  En este sentido, la crianza se describe hoy como una actividad compleja que incluye los diferentes comportamientos por parte de los padres hacia su hijo o hija y de los hijos hacía los padres que influyen en el desarrollo del niño o de la niña (3). Con esta ampliación del enfoque, se empezó a reconocer al niño como actor activo dentro del proceso de crianza; sus intenciones, intereses, necesidades y expectativas se convirtieron en un tema de interés. La pregunta ya no era únicamente: ¿qué queremos lograr con la crianza?, sino que se complementó por la pregunta: ¿qué quiere, necesita y espera el niño de la crianza? (4).

Sobre la finalidad de la crianza se pueden encontrar muchas declaraciones diferentes. Uno de los primeros pensadores que impulsó un cambio del enfoque autoritario de la crianza hacía un enfoque más democrático, ha sido Kant al principio del siglo 19. Él destacó, que la finalidad de la crianza debe ser criar seres humanos del bien; desde su definición esto significaba seres humanos que actúan según principios que tienen en cuenta el bienestar de todos. Según Kant, para llegar a dicha finalidad, se necesita un estilo de crianza que enseña a los niños a pensar por sí mismo, para que actúan según principios que comprenden y apoyan, en vez de orientar sus actos en castigos, prohibiciones o simplemente en los principios de otros. Además, Kant propuso que la crianza se debería orientar en el mundo del futuro y en cómo podría ser este futuro, en vez de orientarse en el mundo presente (5). En este sentido, Kant fue de los primeros autores que destacó la importancia del desarrollo personal.

Sin embargo, es obvio que la crianza también tiene que enseñar a vivir en una sociedad que tiene ciertas reglas y normas. En este sentido, Kron argumenta que el proceso de crianza debe tener dos finalidades: primero, el niño debe ser capacitado para vivir dentro de una sociedad (“ser como todos los demás”), y segundo, el niño debe ser criado para convertirse en un individuo (“ser como ningún otro”) (6).

Desde mi perspectiva, Kron toca aquí un elemento crítico de la crianza: la dualidad entre los deseos y necesidades individuales, por un lado, y la necesidad de la sociedad por otro lado. Como padres tenemos la tarea de preparar a nuestros hijos para vivir en una sociedad con ciertas reglas y normas que no dependen de ellos, pero también tenemos la responsabilidad de apoyar el desarrollo individual de nuestros hijos, de tener en cuenta sus necesidades y deseos particulares y ayudarles a pensar por sí mismo. En este sentido, gran parte de la crianza se enfoca en el intento de conciliar, por un lado, las exigencias de la sociedad y, por otro lado, las necesidades particulares de nuestros hijos.

Por otra parte, la finalidad de la crianza se centra en capacitar a un niño para vivir su propia vida de manera independiente. En este sentido, la crianza debe llevar al niño, a que, como adulto, logrará tomar sus propias decisiones y crear un proyecto de vida propio. De alguna manera, la finalidad de la crianza es llegar a un punto donde el joven ya no necesita sus padres como guías. Esto no quiere decir que ya no necesitará a sus padres y la relación con ellos, pero que esta relación cambia a una relación entre iguales.

Reconocer que la finalidad de nuestros actos hacia nuestros hijos es la independencia de ellos, implica aceptar que tenemos un tiempo limitado para criarlos y, que después de este tiempo, es nuestra tarea liberarlos de nuestra crianza, dejarlos ir para que puedan vivir su propia vida. En este contexto, quiero cerrar mi escrito con las palabras del poeta y escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe: “Dos cosas deben recibir los niños de sus padres: raíces y alas.”

Lee también:

¿Cómo enseñar normas y reglas a los hijos/as de una forma respetuosa?

¿Cómo construir una relación de confianza con nuestros hijos e hijas?

Si quieres recibir más artículos sobre crianza, gratis y por correo electrónico, suscribete a mi Blog.

  1. Darling, N. (1999): Parenting Style and Its Correlates. ERIC Digest. Página Web: http://www.ericdigests.org/1999-4/parenting.htm (Consultado el 5 de octubre 2015)
  2. Darling, N.; Steinberg, L. (1993): Parenting Style as Context: An Integrative Model. Psychological Bulletin. 113(3):487-496
  3. Darling, N. (1999): Parenting Style and Its Correlates. ERIC Digest. Página Web: http://www.ericdigests.org/1999-4/parenting.htm (Consultado el 5 de octubre 2015)
  4. Kron, Friedrich W. (1996). Erziehung als symbolische Interation. En: Kron: Grundwissen Pädagogik. 5. Edición, Munich & Basilera, p. 54-60
  5. Kant, Immanuel (1803). Sobre Pedagogía. Editorial Universidad Nacional de Córdoba Encuentro Grupo Editor 2009
  6. Kron, Friedrich W. (1996). Erziehung als symbolische Interation. En: Kron: Grundwissen Pädagogik. 5. Edición, Munich & Basilera, p. 54-60