Socioemocional 2

En los primeros meses de vida, el bebé depende emocionalmente 100% de nosotros los adultos; para lograr a calmarse ante una situación que le produzca miedo, ansiedad o inseguridad el bebé necesita de sus padres. Sus brazos, su voz y su disponibilidad constante le brindan el apoyo para llegar a un estado de calma nuevamente. Una respuesta inmediata y oportuna por parte de los padres ante los momentos de estrés de su bebé es fundamental para garantizar un adecuado desarrollo de su cerebro. Debemos evitar cualquier situación de estrés en nuestros bebés pequeños para impedir efectos negativos sobre su estructura cerebral.

Para poder entender la importancia de evitar a un bebé el estrés, debemos comprender los procesos neuronales desencadenados por el estrés. Cuando los seres humanos sentimos ansiedad o miedo, liberamos una hormona que se llama cortisol; es una hormona muy útil que ayuda a generar energía extra a corto plazo para poder enfrentar una situación con posibles peligros. En este sentido, nos hace más sensibles frente estímulos externos, nos da energía física para poder correr o pelear, quita el sueño de inmediato, etc. Anteriormente, las situaciones de estrés fueron en muchos casos situaciones de vida o muerte, y esta respuesta hormonal era fundamental para garantizar la supervivencia. Hoy en día, todavía nos ayuda en situaciones estresantes para estar más alertos, para poder resolver de manera rápida ciertos problemas o nos da energía para aguantar situaciones de cansancio. En este sentido, el sistema de respuesta ante el estrés es maravilloso, otro milagro de la naturaleza que nos ayuda en nuestro día a día. El problema comienza, cuando no se regula el nivel de cortisol después de un corto tiempo, cuando el estrés se vuelve crónico, ya que los altos niveles de esta hormona a largo plazo le pueden hacer daño a nuestro cerebro.

Lo mismo pasa en un bebé: cuando tiene estrés, libera cortisol para poder afrontar a la situación de “peligro”. Pero, a diferencia de los adultos, el bebé no cuenta con la capacidad de calmarse solo para poder nivelar nuevamente el cortisol. Esta capacidad de regulación la adquirimos durante nuestra infancia con el apoyo y el acompañamiento adecuado de nuestros padres o cuidadores, no nacemos con ella. El bebé, por lo tanto, no tiene la capacidad de salir de su estado de estrés por sí solo, y si no tiene un adulto que le ayuda a re-establecer la calma, su cerebro será inundado por el cortisol. Si esto pasa a menudo, el cerebro adaptará una respuesta hormonal inadecuada ante el estrés, causando respuestas inusuales que pueden llegar a tener efectos negativos sobre su desarrollo (1). Por el contrario, si el bebé cuenta con un adulto que le ayuda a calmarse a través de su disponibilidad emocional, poco a poco aprenderá a calmarse por sí solo y, de esta manera, bajar nuevamente los niveles de cortisol.

Para nosotros como padres, las herramientas más importantes en cuanto al desarrollo socio-emocional de nuestros hijos son el contacto físico, la mirada y las palabras amorosas. El contacto físico permanente y cariñoso le transmite al bebé seguridad y sostenimiento, nuestra voz lo tranquiliza y nuestra mirada amorosa le ayuda a desarrollar una auto-imagen positiva. En cuanto a este último, podemos decir que los padres actuamos como su espejo: si lo miramos y le hablamos con amor, el niño aprenderá que es un ser valioso, digno de ser amado por otros, y aprenderá a amarse a sí mismo.

Por lo tanto, lo que necesita el bebé de nosotros para un desarrollo socio-emocional sano, son respuestas inmediatas y calmantes cuando nos demuestra su estrés; necesita nuestros brazos para sentirse seguro, necesita nuestra mirada para sentirse valorado y nuestras palabras para sentirse amado. En este sentido, son las situaciones diarias que nos permitirán reforzar su desarrollo socio-emocional: el baño, el masaje, el dormirlo en brazos, la mirada cuando le cambiamos el pañal, la cercanía de la lactancia o la protección frente situaciones de miedo o angustia.

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  1. Gerhardt, S. (2004). Why love matters: How affection shapes a baby’s brain. Hove, East Sussex: Brunner-Routledge.