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La primera pregunta que nos debemos hacer si queremos encontrar la mejor manera de estimular a nuestros bebés es: ¿Qué es lo que queremos lograr con esta estimulación? Creo que la respuesta de la mayoría de personas sería: optimizar el desarrollo infantil. Pero ¿qué significa desarrollo infantil? La Organización Mundial de Salud establece que el desarrollo infantil temprano abarca el desarrollo físico, socioemocional, cognitivo y motor entre 0 y 8 años de edad. Hoy en día existe el consenso que este desarrollo depende tanto de factores biológicos y genéticos, como también de factores ambientales, como las personas alrededor y la cultura en la que crece el bebé (1).

Según la neurociencia, el desarrollo infantil es el proceso de crear, fortalecer y descartar conexiones entre las neuronas cerebrales. El cerebro del bebé no viene completamente formado al momento de nacer, lo cual abre la oportunidad de seguir desarrollándolo a partir de los estímulos que recibe del mundo externo. En los primeros años de vida se generan rápidamente muchas de estas conexiones, la estructura cerebral todavía se encuentra en un estado de desarrollo y de mucha flexibilidad. Al mismo tiempo, se fortalecen y se descartan las conexiones ya existentes; las que se utilizan mucho se fortalecen y las que no se utilizan mucho se descartan. Una vez el cerebro está formado en su mayor parte por conexiones ya fortalecidas, será más difícil cambiar la estructura cerebral (2).

Cuáles serán las conexiones que se generan y fortalecen depende del ambiente en el que crezca el bebé. Es importante anotar que no todas las conexiones neuronales son deseables, ya que también se pueden generar conexiones que pueden perjudicar el futuro desarrollo. Así se pueden generar conexiones muy fuertes como resultado de una adaptación a un ambiente agresivo y estresante. Estas adaptaciones pueden afectar de manera negativa sobre el crecimiento y desarrollo del niño. En este sentido, podemos concluir que lo que queremos lograr con una estimulación temprana es la generación y el fortalecimiento de una gran cantidad de conexiones neuronales deseadas.

¿Cómo se generan las conexiones neuronales en los primeros años de vida?

Como ya hemos dicho, las conexiones se generan en una combinación entre factores genéticas, biológicas y ambientales. En este sentido, el desarrollo cerebral depende tanto de factores como la nutrición y el sueño que responden ante las necesidades biológicas, como de factores relacionados con el contacto humano y la interacción que responden ante las necesidades emocionales y sociales del bebé. El bebé necesita del mundo y de las personas alrededor para lograr su desarrollo, ya que somos seres sociales y no podemos vivir sin el contacto con las demás personas.

Pero, aunque el bebé necesita de las personas alrededores para desarrollarse, esto no quiere decir que tenga un rol pasivo en este proceso. Al contrario, más bien se podría decir que el bebé es protagonista de su propio desarrollo. De esto nos podemos dar cuenta cuando observemos y analicemos los comportamientos del bebé o recién nacido. ¿Qué es lo que hace un bebé? Pues, muchas cosas: se mueve, llora, sonríe, balbucea, mira, etc., y cada uno de estos comportamientos tiene un sentido en cuanto a su desarrollo (cabe aclarar que se trata de comportamientos instintivos, no de comportamientos conscientes). A continuación, quisiera dar algunos ejemplos, que demuestran como el bebé inicia su propio desarrollo a partir de su comportamiento instinto.

Si observamos a un bebé recién nacido, nos damos cuenta que este normalmente está en constante movimiento: mueve los brazos y las piernas, la lengua y los deditos. Estos movimientos instintivos tienen el motivo de desarrollar sus músculos, reforzándolos para más adelante poder utilizarlos de manera más controlada y consciente. Aquí observamos un ejemplo de un comportamiento instintivo que permiten el desarrollo físico del bebé. Ahora, pensamos en sus necesidades sociales y emocionales; también en esta área el bebé recién nacido viene preparado para ser protagonista de su propio desarrollo: su mirada, su balbuceo, su reflejo de sonreír y su llanto son mecanismos que tiene para entrar en contacto y vincularse con su persona de cuidado. De nuevo aclaramos, no se trata de comportamientos conscientes, sino de reflejos e instintos. En cuanto al desarrollo cognitivo, podemos observar el gran interés y la curiosidad de los bebés por todo lo que pasa alrededor de ellos. Este interés es innato y tiene como fin conocer al mundo, permitiendo de esta manera la iniciación de su desarrollo cognitivo.

Estos ejemplos nos demuestran, que el bebé viene de cierta manera “programado” para iniciar su propio desarrollo de forma activa; lo que necesita del entorno son respuestas adecuadas frente los comportamientos que demuestra. Entender esto, nos facilitará encontrar maneras adecuadas para apoyar el desarrollo temprano. Por ahora, podemos concluir, que la primera herramienta nuestra debe ser la observación atenta y continua de nuestro bebé, porque nos permite identificar las necesidades que nos expresa a través de su comportamiento instintivo. Y luego, son las respuestas nuestras a estas expresiones, las que vayan a determinar su futura estructura cerebral.

Por último, es importante destacar que, aunque se habla de diferentes áreas de desarrollo, el desarrollo humano es un desarrollo integral; quiere decir que cada área está conectada con las demás y juntos determinarán la estructura del cerebro. El desarrollo socioemocional tiene sus implicaciones para el desarrollo cognitivo, lenguaje y motor; de la misma forma, el desarrollo motor tiene sus implicaciones en el desarrollo cognitivo y lenguaje, etc.

Concluyendo, podemos sacar varias premisas para el desarrollo infantil temprano:

  1. El bebé es protagonista activo en su proceso de desarrollo.
  2. El bebé viene “programado” para iniciar su propio proceso de desarrollo.
  3. El papel de la persona de cuidado es identificar con sensibilidad las necesidades expresadas por el bebé y responder de manera adecuada ante estas.
  4. El desarrollo de cada área esta entrelazado con las demás áreas; el desarrollo siempre se debe ver de manera integral.

¿Qué significa adelantar o retrasar el desarrollo de un bebé?

Tanto adelantar como retrasar el desarrollo tienen en común, que el estímulo que se da no se orienta en la iniciación activa o en una necesidad expresada por el bebé. En caso del adelantar el desarrollo, se trata de una intervención que tiene como fin llegar a ciertas étapas de desarrollo de manera más rápida, situación que normalmente resulta de un deseo por parte de los padres; y en caso del retraso, se trata de un descuido que se basa normalmente en una situación emocional problemática del adulto. En ambos casos, el enfoque esta sobre el adulto, no sobre el bebé.

El querer adelantar el desarrollo del bebé resulta normalmente de las ambiciones que tienen los padres con sus hijos; estas ambiciones pueden tener diferentes causas. Es común, encontrar a padres que quieren que su hijo aprenda rápido a gatear, a caminar o a hablar, por el miedo que podría retrasarse en su desarrollo si no lo estimulan de manera extensa. Pero en su afán de apoyar a su hijo pueden generar daños físicos, presión y frustración en él. El desarrollo infantil no es una carrera que hay que ganar, sino un proceso natural que se desarrolla de una manera natural. Podemos compararlo con el crecimiento de una planta; ¿será que podemos halar la planta para que crezca un poco más rápido? No, la planta tiene su propio ritmo. Lo único que podemos y debemos hacer es garantizarle las condiciones adecuadas para su crecimiento sano. Incluso, si la halamos todos los días un poco, seguramente le haremos un daño. Exactamente así es con nuestros hijos: no debemos halarlos y esforzarlos, simplemente debemos generar condiciones favorables para que ellos crezcan y se desarrollan según su ritmo natural. Nosotros somos espectadores y acompañantes en este proceso.

Si no respetamos este proceso natural, podemos, igual que a la planta, causarles un daño físico: si los sentamos muy temprano, sin que ellos tengan la columna y los músculos suficientemente desarrollados, podemos causar un daño en su columna. Lo mismo pasa si queremos adelantar el caminar (con caminadores, por ejemplo, o cogiéndolos de la mano). Pero el daño que podemos causar no solo es físico, también puede generarse un daño psicológico, ya que el bebé puede llegar a sentir que no logra satisfacer los deseos de sus padres y por consecuencia, se frustra con el tiempo. Esto puede llevar a una resignación y una actitud pasiva por parte de ellos.

Ahora, en cuanto al retraso del desarrollo, podemos utilizar el mismo ejemplo de la planta: si a la planta no la cuidamos, no respondemos ante sus necesidades, tampoco va a tener un desarrollo sano; aquí estaríamos descuidándola, retrasando su crecimiento y desarrollo. El retraso del desarrollo, por ende, está relacionado con la falta de una respuesta adecuada ante lo que expresa el bebé. Un ejemplo es la respuesta ante la sonrisa del bebé; una madre normalmente responde con una sonrisa por su parte o con unas palabras de amor. De esta manera, el bebé se da cuenta que su expresión genera una respuesta, que si cuando él inicia una interacción recibe una respuesta; se da cuenta que vale la pena iniciar una comunicación. En cambio, si esta respuesta positiva falta, el bebé empezará a dejar de comunicar, ya que no resulta en lo esperado. Lo mismo pasa, si el bebé se comunica a través de su llanto y no recibe una respuesta adecuada. Es posible que dejará de llorar, pero no porque se resolvió su necesidad o porque aprendió a calmarse solo, sino porque aprendió que su necesidad no cuenta, que nadie vendrá a ayudarle.

En este sentido, los padres podemos vernos como unos jardineros que cuidan a una planta. Para que crezca nuestra planta de mejor forma, debemos protegerla de todo lo que le haga daño, debemos revisar y observar qué es lo que necesita en cada momento, debemos darle de comer, debemos darle luz del sol, podemos darle fertilizante para apoyar su crecimiento, debemos darle espacio para que pueda crecer a su manera y, sobre todo, debemos estar muy pendientes de ella siempre. Y así, podemos simplemente disfrutar viéndola crecer, viéndola desarrollar poco a poco sus hojas, sus flores y sus frutas; de la misma manera debemos disfrutar observar el desarrollo y el crecimiento de nuestro bebé, confiando que poco a poco llegarán y superarán cada etapa, sin afán, sin presión y sin querer más de lo que ellos nos demuestran, sino siempre a su manera y a su ritmo.

¿Qué significa sobre-estimular a un bebé?

Un bebé, como cualquier adulto también, tiene una capacidad limitada de procesar información o estímulos que le llegan desde el mundo exterior. Si la cantidad de estímulos excede este límite, el bebé se angustia y se pone nervioso; igual como nos puede pasar a nosotros. Imaginemos, que estamos dándole de comer a nuestro bebé, al mismo tiempo entra una llamada que contestamos y también está prendido el televisor. Por último, viene nuestro otro hijo a pedirnos que le ayudamos en algo. Esta es una situación en la cual nos llegan demasiado estímulos desde afuera que no logramos procesar todos al mismo tiempo; como consecuencia, nos empezamos a angustiar y a estresar. Lo mismo le pasa a nuestro bebé cuando le llegan demasiados estímulos. Por lo tanto, si nos damos cuenta que nuestro bebé este incomodo en un contexto, puede ser que se tensiona o llora, debemos procurar de sacarlo de esta situación para que pueda volver a calmarse. Recordamos que el estado de estrés prolongado nunca es favorable para un bebé.

Por último, debemos tener en cuenta que para un bebé los estímulos están en todas partes. Si pensamos en cómo fue su vida dentro de la barriga y lo que ahora experimenta en el mundo exterior, nos damos cuenta que hasta el viento en su cara es un estímulo para él. Las hojas que se mueven en un árbol son un estímulo, nuestra voz es un estímulo, el ruido de la calle es un estímulo, nuestra piel sobre su piel es un estímulo, los diferentes sabores de la leche materna son estímulos; casi todo lo que ve, escucha, siente o huela es un nuevo estímulo para el bebé. En los primeros meses de su vida, estará ocupado de procesar toda esta información nueva, de procesar los estímulos que le llegan del mundo en el que vive ahora y que apenas está empezando a conocer. Nuestro rol como padres en el primer año es acompañarlo en este viaje de descubrimiento, ofreciéndole espacios adecuados y, sobre todo, brindándole nuestros brazos como su zona de seguridad y amor en cada momento que los necesita.

Lee también: 

Estimulación temprana Parte 2: ¿Cómo apoyar el desarrollo socio-emocional temprano?

Estimulación temprana Parte 3: ¿Cómo apoyar el desarrollo motor temprano?

  1. WHO: https://www.who.int/topics/early-child-development/en/ (23/9/2019)
  2. Gerhardt, S. (2004). Why love matters: How affection shapes a baby’s brain. Hove, East Sussex: Brunner-Routledge.