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¿Te has preguntado alguna vez, cómo es posible que todos los niños aprenden a caminar y a hablar su idioma materno? Ambos procesos son altamente complejos, sin embargo, no hay ni un ser humano que no los aprende (al menos que tenga una discapacidad que se lo inhibe). Te has preguntado, ¿por qué al principio de nuestra vida todos tenemos esta capacidad? Es obvio que hay múltiples factores que influyen sobre el aprendizaje de temprana edad, tanto cognitivos como sociales; en este artículo quiero enfocarme sobre todo en un factor: el miedo a la equivocación. Quisiera analizar un poco cómo se da el proceso de aprendizaje de caminar durante nuestro primer año de vida y cómo se compara con los procesos de aprendizaje que vienen más adelante en la vida de un niño o de un joven.

El proceso de aprender a caminar está caracterizado por las caídas, el bebé se levanta y se cae. ¿Cuántas veces aproximadamente se cae un bebé en el proceso de empezar a caminar? Son muchas! ¿Y qué es lo que hace un bebé cando se cae en este proceso de aprendizaje? Se levanta y lo intenta de nuevo. Y esto lo repite las veces que sean necesarias para aprender a caminar. Para mí, aquí está uno de los factores más importantes en cuanto al proceso de aprendizaje del caminar; todos los bebés aprenden a caminar porque no hay ningún bebé que se rinde en el proceso. ¿O has visto alguna vez un bebé sentado en una esquina diciendo: “ya me caí 50 veces, efectivamente no tengo talento para esto, no sirvo para esto, mejor ya no lo intento más”? No, ningún bebé piensa así, simplemente el bebé no tiene conciencia de su “fracaso”. El bebé quiere aprender a caminar y lo intenta hasta que lo logra. Al mismo tiempo, el alrededor le aplaude cada nuevo pasito que da; en esta edad, el enfoque de las personas alrededor está en reforzar los logros del bebé.

Ahora, ¿qué pasaría si nosotros aprendiéramos algo nuevo y fracasáramos 50 veces al intentarlo? Yo diría que la mayoría de personas dejara de intentarlo, pensando que no lo puede hacer, no tiene talento, que no es suficientemente bueno para lograrlo. El bebé, en cambio, nunca piensa que no es suficientemente bueno para caminar, y por eso lo logra tarde o temprano.

¿Cómo cambian los procesos de aprendizaje a lo largo de la vida?

Al haber analizado el proceso de aprendizaje del caminar, podemos sacar la conclusión que un factor de éxito está en que ningún bebé siente como un fracaso el hecho de caerse ni tampoco deja de intentar de aprenderlo por haberse caído muchas veces anteriormente. ¿Qué cambia a lo largo de la vida? ¿Por qué más adelante en la vida empezamos a pensar que hay cosas que no podemos lograr, que no somos suficientemente buenos para ciertas cosas?

Para comprender cómo cambian los procesos de aprendizaje, podemos analizar un poco los procesos de aprendizaje con las que se enfrentan los niños en la educación formal. Una característica muy importante del proceso de aprendizaje en la educación formal es que hay respuestas correctas y equivocadas. Al mismo tiempo, todo el sistema educativo se basa en la suposición de que lo más importante es evitar y eliminar los errores y por este motivo, la equivocación se castiga. Aquí podemos identificar el primer cambio en cuanto a los procesos de aprendizaje del bebé en comparación con las de los niños en la educación formal: Mientras al bebé se le aplaude con cada paso nuevo que logra, al niño se le castiga por cada error que haga. Es un cambio de enfoque sobre el ser humano, de un enfoque en lo positivo, hacia un enfoque en lo “negativo”. Si aplicaríamos este mismo sistema durante el proceso de aprender a caminar, castigando el bebé cada vez que se caiga, ¿será que seguirá intentándolo? Y el mismo ejemplo nos demuestra el segundo cambio en los procesos de aprendizaje: Si al bebé no se castiga por la equivocación, el bebé no percibe la equivocación como algo negativo y no se frustra con sus caídas; simplemente los acepta como parte del proceso. En cambio, cuando la equivocación o el error se castiga, el sistema enseña que equivocarse es algo negativo, lo cual lleva a que cada error o cada equivocación aumenta la frustración. Y en algún momento el niño dejará de intentarlo para evitarse más frustraciones.

El aprendizaje siempre implica la equivocación o el error, porque cuando entendemos cómo no funciona algo, podemos buscar formas alternativas que de pronto sí funcionan. Así que cada equivocación es una oportunidad de re-direccionar y optimizar nuestro proceso de aprendizaje; cada equivocación nos lleva más cerca al logro.

En este sentido, se puede resumir que el castigo de la equivocación representa una gran barrera en el proceso de aprendizaje.

Entonces, ¿cómo debemos apoyar el proceso de aprendizaje de los niños?

De lo anterior, podemos concluir que en la educación y crianza el enfoque no debe estar en evitar o eliminar los errores y equivocaciones; pero entonces, ¿qué es lo que debemos enseñar a los niños? Pues, miramos otra vez a los bebés: la equivocación es solo el primer paso en su proceso de aprendizaje de caminar, luego el segundo paso consiste en levantarse otra vez e intentarlo de nuevo. Los bebés no piensan que no son capaces de caminar por haberse caído muchas veces, ningún bebé piensa: “viste, no lo puedo hacer, soy muy bruto, siempre me caigo, no sirvo para esto”. No, los bebés no piensan en el hecho de haberse caído, simplemente se levantan y lo intentan nuevamente. Y esto es lo que tenemos que enseñarles a nuestros niños y niñas: a levantarse, a seguir intentando, a no rendirse. En vez de castigar, debemos enseñarles que cada error, cada equivocación es un aprendizaje que nos lleva más cerca de lograr lo que queremos lograr. Las personas exitosas no tienen éxito porque nunca se equivocan, sino porque después de cada equivocación se levantan y lo intentan nuevamente.

¿Cómo deben cambiar los procesos de aprendizajes en la educación formal?

Primero que todo es necesario cambiar la percepción que tenemos de los errores y de la equivocación. En vez de verlos como algo negativo que se debe evitar, debemos reconocer la importancia de los errores para el proceso de aprendizaje. Debemos empezar de reconocer más los esfuerzos y los intentos, en vez de poner todo el enfoque en los resultados. Debemos flexibilizar nuestra interpretación de lo que es correcto y de lo que es equivocado, no siempre existe solo una respuesta correcta. Finalmente, en vez de castigar los errores, debemos, tanto desde la casa como desde el colegio, motivar a los niños y niñas a seguir intentando cuando se equivocan, a seguir buscando la solución, a levantarse cuando se caen, evitando de esta manera juicios que pueden afectar su autoestima y sus ganas de aprender. Lo importante no es no equivocarse; lo importante es aprender de los errores y seguir intentándolo.