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Una relación cercana y positiva entre padres e hijos es determinante para el bienestar de los niños y su futuro desarrollo. En este sentido, una relación caracterizada por el apoyo emocional, por la cercanía, la confianza y el afecto, da el fundamento para que los niños y jóvenes puedan desarrollar la capacidad de reconocer, expresar y manejar sus propias emociones, como también las de los demás, base de su salud mental (1); además, influye sobre el desarrollo de la autoestima (2) y de las funciones ejecutivas (3), las cuales se asocian entre otro con el futuro rendimiento académico de los jóvenes.

Un elemento básico para la cercanía de una relación es la confianza que se tienen ambos partes. Pero, ¿cómo podemos crear esta confianza con nuestros hijos? ¿Cómo logramos que nuestros hijos nos perciben como personas de su confianza? Una relación de confianza no es algo que se genere de hoy a la mañana, es el resultado de un comportamiento estable de ambos partes. La confianza no se puede exigir, ni se puede imponer, es un regalo que nos ganamos porque lo construimos durante mucho tiempo. Si queremos reflexionar sobre cómo conseguirla, podemos empezar reflexionando sobre nuestras relaciones de confianza existentes:

¿Cuáles son las personas de nuestra confianza? ¿Cómo se construyó esta relación de confianza? ¿Qué tuvimos que dar nosotros? y ¿qué esperamos del otro para que podemos regalarle nuestra confianza?

Cuando se trate de la relación con nuestros hijos, es importante tener en cuenta que la confianza se construye a partir del momento en el que nazcan. La total dependencia durante el primer año de vida, vuelve al bebé muy sensible en cuanto a su entorno y las personas que lo rodean. El bebé por instinto sabe que sin las personas alrededor no podrá vivir y por ende su gran preocupación durante estos meses es la generación de un vínculo fuerte que le asegura su sobrevivencia en este mundo. Por este motivo, la naturaleza creó el instinto en los adultos de querer proteger a los bebés, de sentir ternura con su aspecto y sus gestos, y por este motivo, también creó el instinto en los bebés de buscar la cercanía de la madre, a través de la mirada, a través del llanto o a través del balbuceo. Dependiendo de la forma cómo atendemos sus necesidades básicas y cómo respondemos ante su búsqueda de un vínculo afectivo, sentamos las bases para la futura relación.

Más adelante, nuestros hijos ya no necesitarán únicamente la satisfacción de las necesidades básicas para poder confiar en nosotros; necesitarán unos adultos estables, con los que pueden contar en toda situación, que los toman en serio, que se interesan por ellos y que los orientan y acompañan de forma sincera y con respeto en su gran aventura de conocer y comprender el mundo.

A continuación, quiero presentar cinco puntos clave para generar una relación de confianza con nuestros hijos e hijas.

  1. Se sincero

El hecho de que los niños tienen menos conocimiento y experiencia de vida que nosotros los adultos, nos puede llevar a pensar que todavía no tienen la capacidad de comprender ciertas situaciones, circunstancias o relaciones, y que, por ello, podemos mentirles ya que ni se darán cuenta. Con esta suposición cometemos dos errores: primero, aunque los niños de forma racional no comprenden ciertas situaciones o circunstancias, ellos tienen mucha capacidad intuitiva para captar la confiabilidad de otras personas. Incluso, justo por no captar todo con la razón como lo hemos aprendido los adultos, ellos todavía tienen la capacidad de sentir a las demás personas. Es erróneo pensar que los niños pequeños no se darán cuenta de nuestras mentiras; sentirán cierta incongruencia, lo cual afectará una relación de confianza. Segundo, aunque los niños de pronto no comprenderán del todo nuestra deshonestidad, con el tiempo se darán cuenta que ciertas cosas que decimos no son ciertas. Será una gran decepción por parte de ellos darse cuenta que las personas en las que más confían, sus padres, no son confiables del todo y afectará de forma negativa su relación con nosotros.

  1. Cumple tus promesas

Para generar confianza con otra persona es absolutamente necesario cumplir nuestras promesas. También en este tema podemos cometer el error de pensar que a los niños se les olvida, que son todavía muy pequeños para recordar una promesa hecha, y que por consiguiente no es de mucha importancia cumplirla. Pues, esta suposición está equivocada la mayoría de las veces. Los niños suelen tener muy buena memoria para las cosas que les interesa, y una promesa de ir al parque mañana o comprarles un dulce en la tarde es de mucho interés para ellos. Aunque nos parecen que la ida al parque prometida es una bagatela, para un niño no lo es; al contrario, puede significar una gran ilusión para ellos. Si queremos generar una relación de confianza es necesario comprender al niño desde su mundo, desde sus deseos y desde sus necesidades, y aunque no del todo comprendemos por qué algo parece tener mucha importancia para nuestro hijo, simplemente debemos aceptar y respetar que sea así.

Me imagino que a ti te han pasado decepciones similares, en un momento donde algo te hizo mucha ilusión, pero luego no se dio. Este sentimiento de desilusión y tristeza se produce también en ellos cuando les prometemos algo que luego no cumplimos. Se llevarán el aprendizaje que no se puede confiar en la palabra del otro, y con esto se rompe la base para cualquier relación de confianza.

En este sentido resumimos: ¡Lo prometido se cumple, aún más cuando se trata de un niño!

  1. Interésate, comparte y acompaña

La presencia es clave para una relación de confianza. Alguien que no esté presente en los momentos importantes y menos importantes de nuestra vida, que no sabe nada de nosotros, que no comparte el día a día con nosotros y que no nos acompaña en los momentos que lo necesitamos, nunca será una persona de confianza para nosotros. Nosotros confiamos en las personas que demuestran un verdadero interés por nosotros y nuestro bienestar. En cambio, la desconfianza se produce cuando sentimos que no tenemos importancia para la otra persona, cuando sentimos que no se interesa por quienes somos en verdad, por nuestras necesidades, miedos, angustias, éxitos o sueños.

Lo mismo pasa con nuestros hijos; si no sienten un verdadero interés de nuestra parte en ellos, en ellos como son, no como nosotros quisiéramos que fueran, nunca nos regalarán su confianza. El sentir que los aceptamos tal como son, sabiendo quienes son en verdad, conociendo lo más brillante y lo más oscuro de ellos, permitirá que se sientan seguros con nosotros. Esta seguridad llevará a la confianza que pueden compartir con nosotros cualquier cosa, sin tener miedo de ser rechazados o de perder nuestro amor.

  1. Abre espacios de dialogo y escucha sin juzgar

Para llegar a conocer a nuestros hijos de forma profunda, es necesario escucharlos. La escucha atenta sin juzgar, nos puede abrir la puerta hacia su mundo. No hay otra forma de saber que está pasando en su interior, que escucharlos con el interés de conocer y comprender. A veces nos gusta pensar a los adultos que por los años de experiencia somos los únicos que sabemos, y, por ende, somos los que enseñamos; pero, ¿qué tal, si nos proponemos de aprender también de nuestros hijos? Nos daríamos cuenta que ellos tienen razonamientos muy interesantes, que ellos tienen experiencias diferentes a las de nosotros de los cuales podemos aprender.

Sin embargo, para que pueda generarse el diálogo se necesita presencia y tiempo compartido. Las palabras e ideas normalmente empiezan a fluir cuando haya tiempo, cuando haya un ambiente de tranquilidad y sin estrés. A veces nos tocará generar estos espacios y estos momentos compartidos, dependiendo de la edad de nuestros hijos: la comida compartida en familia, el momento antes de dormir, el juego con ellos, caminando en la calle, etc. Hay muchos momentos que podemos aprovechar para genera acercamiento y diálogo, lo importante es que sean momentos con tiempo, en los que por un momento vaciamos nuestra mente de todo lo que la tiene ocupada normalmente, para estar dispuestos a meternos en el mundo de ellos.

  1. Nunca traiciones la confianza de tu hijo

La confianza, como mencioné antes, es un regalo que se nos entrega por haber demostrado de merecerla. Ahora, una característica de la confianza es que se construye durante mucho tiempo, pero que se puede destruir en un momento. Es un regalo muy frágil que hay que cuidar en todo momento. Por ello es fundamental que nunca traicionamos la confianza de nuestros hijos; podemos perder todo lo que construimos con ellos. Cuando tu hijo te comenta algo de su vida privada o te hace preguntas privadas no se lo cuentas a nadie (la única excepción puede ser tu esposo o tu esposa). No comentes nunca cosas intimas de tus hijos a otras personas, aunque sean personas de la familia. En caso que tu hijo o tu hija te comente algo que te preocupa, puedes acercarte a una persona de mucha confianza o un profesional para buscar sus consejos, alguien que tu confías que no vaya a compartir esta información con nadie. Es muy importante que respetamos la privacidad de nuestros hijos en todo momento, independientemente de su edad.

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  1. Otterpohl, N., Wild, E. (2015). Cross-lagged relations among parenting, children’s emotion regulation, and psychosocial adjustment in early adolescence. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology44(1): 93-108
  2. García, J.; Román Sánchez, J.M. (2005). Estilos educativos familiares y autoestima de los hijos de 4 y 5 años.  Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, Vol. 58 (1),  101-114
  3. Valcan, D.S.; Davis, H. ; Pino-Pasternak, D. (2018). Parental behaviours prediting early childhood executive functions. A meta-analysis. Educations Psychology Review, 30(3), 607-649