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Quisiera empezar con un juego mental: Imagínate que (en caso que eres la mamá) tu esposo llegara un día con otra mujer y te dijera: “Mira mi Amor, esta es Valeria. A partir de hoy, Valeria será mi otra esposa, hará parte de la familia y te pido que hagas el esfuerzo de amarla también. No te preocupes que yo te amo igual como antes, simplemente ahora hay otra esposa que también amo igual que a ti.” Y además de esto, con la llegada de esta nueva esposa tu esposo empezará a tener ciertos cambios de ánimo que a veces ni lo reconoces, lo notarás a veces muy angustiado y estresado y la verdad es que le presta mucha más atención a la nueva esposa que a ti. Ya él no tiene tiempo para salir contigo, ni para tener conversaciones profundas, ni para hacer ejercicio juntos; y cuando te acercas para pedirle hacer algo contigo te dice que ahora no tiene mucho tiempo porque tiene que estar pendiente de la otra esposa mientras se adapta.

Con este ejercicio mental quiero ayudarte de ponerte en los zapatos de tu hijo o de tu hija. Mientras para nosotros los padres y familiares la llegada de un nuevo bebé es un milagro, es algo hermoso, para los hermanitos no necesariamente es así desde el principio (esto no quiere decir que luego no estarán felices de tener un hermano o una hermana); y tenemos que comprender que para ellos en el principio puede significar más una pérdida o una amenaza que una ganancia. Si logramos comprender la perspectiva del niño en cuanto a la llegada de su hermano o hermanita, podemos tomar las medidas adecuadas para apoyarlo en este tiempo de transición y cambio.

La preparación de la llegada del hermano o de la hermana

Es importante empezar a involucrar a los hermanos mayores en la preparación de la llegada del nuevo bebé, teniendo en cuenta que cada niño manejará diferente esta situación. Hay niños que se emocionan mucho y quieren estar involucrados en todo, como también hay niños que pueden mostrar inseguridad y miedo frente la noticia de recibir un hermanito. En este caso, es importante respetar las emociones del niño o de la niña, involucrarlo/la solo hasta donde él o ella se sienta cómodo/a, y hablarles de sus inquietudes o miedos. Los niños necesitan sentir, que, a pesar de este gran cambio, no pierden el amor de la madre o del padre. Es importante darles mucha atención durante el embarazo, hablarles de su amor por ellos y explicarles que este amor nunca va a cambiar, para que puedan vivir la llegada del hermanito con seguridad y confianza.

Hay diferentes formas cómo podemos involucrar a nuestro hijo o nuestra hija en la fase de preparación: podría ser a través de un libro infantil que trata de esta temática, o podría ser llevándolo de vez en cuando a una cita médica o pidiéndole ayuda en escoger la ropa o los muebles para el bebé. Es posible que su hijo se empieza a interesar por temáticas relacionadas con el embarazo y nacimiento (“Mamá, ¿cómo va a salir el bebé de tu barriga?”); lo mejor es responder de forma sencilla y veraz (dependiendo de la edad del niño), sin añadir más información de la que el niño pregunta. Si su hijo por ejemplo pregunta, ¿cómo entró bebé a la barriga de mamá’, no está pidiendo que le explicamos el acto sexual, sino que le explicamos que una semilla de Papá se juntó con una de Mamá y así se formó el hermanito.

El bebé nació

El nacimiento del hermanito normalmente requiere que los padres se quedan unos días en el hospital. Debemos organizar desde antes dónde se quedará nuestro hijo o nuestra hija durante este tiempo; también podemos preguntar en el hospital qué posibilidades hay para el hermano mayor o la hermana mayor que se quede junto con los padres a dormir.

Durante los primeros encuentros del niño con el bebé debemos darle todo el tiempo que necesite para acercarse (además de darle privacidad, no todo tiene que grabarse enseguida), podemos simplemente dejarnos guiar por lo que demuestra el niño durante este primer encuentro: si demuestra interés en el recién nacido podemos preguntar si lo quiere cargar un momentico, si no demuestra mucho interés podemos enfocarnos más bien en darle abrazos y besos y demostrarle que todavía lo queremos como antes. No debemos exigirle al niño expresiones de afecto que no quiere dar en el momento (“darle un besito a tu hermanito”, “dile que lo quieres”, etc.); todo el mundo tiene su propio tiempo para asimilar un cambio tan importante como este.

Es recomendable que para las primeras semanas con el bebé en casa organizamos una red de apoyo desde antes del nacimiento. Con esta ayuda podemos intentar de no cambiar mucho las rutinas del niño mayor (el jardín, sus clases extracurriculares, las idas al parque o donde un amigo, etc.), ya que es importante que la vida del niño mayor no se detenga por completo por el hecho de que nació el hermanito. Aquí juega un papel fundamental el padre, como acompañante del niño en su vida normal (también pueden ser abuelos, tíos u otras personas de confianza y afecto).

Aprovechar los momentos pequeños para demostrar nuestro amor

Para ser realistas, como mamas no tendremos mucho tiempo para nuestro hijo mayor durante los primeros meses. Por esto es fundamental aprovechar tiempos cortos y precisos para expresar nuestro amor por ellos. Podemos determinar ciertos momentos, como al despertarse el niño o cuando llega del colegio o antes de dormirlo, para tener unos minutos exclusivos con él o ella; minutos llenos de abrazos, besos, cariño, palabras amorosas, que llenen su corazón y le dan la seguridad que su mamá todavía lo/la ama igual. Es importante reservar estos momentos a diario ya que en estos primeros meses nos sentiremos tan agotadas con la demanda del bebé que fácilmente podemos “olvidarnos” un poco de las necesidades emocionales de nuestro primer hijo o hija.

Un poco más adelante podemos organizar una tarde para pasarla únicamente con nuestro hijo o nuestra hija mayor, aunque sean 2 horas. De pronto podemos organizar, que para este tiempo venga la abuelita, la nana u otra persona de confianza para quedarse con el bebé. Durante esta actividad el bebé no debe estar presente, para que el niño o la niña sienta nuestra atención completa. Y ya días antes de esta “cita” con nuestro hijo mayor podemos expresarle que ya estamos emocionadas porque se acerca el día del tiempo mama-hija/o mayor, porque tenemos muchas ganas de pasar tiempo exclusivamente con él o ella.

Comunicación continua

Para ayudarle a nuestro hijo mayor a comprender la situación de forma mejor, es fundamental la comunicación. Podemos, por ejemplo, explicarle que la atención “especial” que recibe su hermanito o hermanita en este momento de nosotros es por su edad y por sus necesidades, no por un trato preferencial. Para esto podemos explicarle que cuando él o ella estaba tan pequeño/a, también lo tratamos de la misma forma: “Mira, mi Amor, cuando tu tenías apenas unos meses, tú también dormías en el cuarto de mamá y papá; pero ya tu creciste, y cuando crezca el bebé también dormirá en su propio cuarto.” También podemos sacar unas fotos de él o ella cuando era igualito como su hermanito/a ahora, y así le demostramos que recibía el mismo trato que hoy recibe su hermanito/a: “Mira, a ti también siempre te mecíamos en este mismo mecedor” o “mira, tú también dormías en la misma cuna.” Poco a poco entenderá que el bebé no recibe un trato preferencial, sino que la diferencia en el trato se debe a la diferencia de edad.

Implementar la mirada positiva

Debido a los altos niveles de angustia y estrés que todas las mamás vivimos cuando nazca un segundo bebé, es muy posible que ciertos comportamientos de nuestro/a hijo/a mayor nos empiezan a molestar. La falta de sueño acaba con nuestra paciencia y con nuestros recursos emocionales para comprender la necesidad de atención que nos demuestra nuestro/a hijo/a “grande”. Es una situación normal y entendible, pero puede llevar a un círculo de emociones negativas: el niño siente que no le prestan atención e intenta llamar la atención con ciertos comportamientos desafiantes, estos comportamientos a la vez enojen más a la madre, lo cual lleva a que el niño se sienta aún más rechazado y reacciona con frustración. En este círculo, puede pasar que la mirada hacia el niño se vuelve más y más negativa, que empezamos a ver únicamente comportamientos desafiantes (“no sé porque últimamente siempre se tiene que comportar de esta forma”). Pero, ¿cómo podemos salir de este círculo? Una forma puede ser, intentar de poner la atención en aquellos comportamientos o actos que nos parecen favorables y destacarlos de forma verbal (“me gustó mucho cómo compartiste tu juguete hoy con tu amigo”). De esta manera, cambiamos poco a poco nuestra mirada negativa hacia una mirada positiva, volveremos a notar los comportamientos de él o ella que nos gusten y el niño o la niña notará este cambio en nosotras. Si, además, destacamos lo positivo con palabras, iniciamos un circulo de emociones positivas: el niño se sentirá visto y reconocido nuevamente, esto bajará los comportamientos desafiantes, lo cual a su vez aumentará nuestra mirada positiva.

El rol fundamental del padre durante los primeros meses

Aunque la madre tenga todo el deseo de darles atención por igual a sus hijos, no será posible en los primeros meses; ella estará muy ocupada con el recién nacido el cual necesitará casi el cien por ciento de su atención, y objetivamente no le quedará mucho tiempo para el niño o la niña mayor. Por este motivo, es fundamental que el padre llene esta ausencia de la madre; y aunque mamá es mamá y nadie nunca la podrá reemplazar, el niño no se sentirá abandonado por completo y podrá refugiarse por un tiempo en el afecto de papá. Este acompañamiento por parte del padre, hará más fácil manejar el dolor de la ausencia materna, la inseguridad por el cambio, e incluso, puede abrir la oportunidad de reforzar el vínculo padre-hijo.

En estos primeros meses, nuestro hijo/a mayor tendrá que asimilar que su vida como era antes ha cambiado; esto requiere tiempo e implica momentos de tristeza y rabia. Es importante permitirle estas emociones, reconocerlas como válidas y, de la manera que podemos, acompañarlo en esta tarea.

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