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Cuarto momento de ruptura: La represión del instinto materno a favor de una crianza que garantiza la sobrevivencia de las estructuras del poder existentes

Si existe un instinto materno o no ha sido un asunto de mucha discusión e investigación. Finalmente, no hay una respuesta clara todavía, así que cada uno de nosotros tendrá que decidir que creer. Lo que sí demuestra la ciencia es, que el parto implica ciertos procesos hormonales relacionados con el vínculo y el amor, que generan en la madre sentimientos positivos hacia su bebé recién nacido. Esta hormona se sigue produciendo con cada contacto físico y con el amantamiento después del parto. En este sentido, lo que podemos concluir es que hay un sistema biológico que lleva a la madre a cuidar de su bebé. Dicho sistema tiene un sentido evolutivo ya que la especie humana no podría seguir existiendo sin el cuidado de los bebés; vincular la madre a su cría, por ende, es una forma de la naturaleza de garantizar la sobrevivencia de la especie.

Viendo que existen ciertos procesos biológicos para garantizar el amor maternal y el vínculo amoroso entre madre e hijo, queda evidente que la función maternal se centra en dar y preservar la vida, en la creación de vínculos y en garantizar el bienestar. Pero cuando miramos nuestras sociedades actuales podemos observar que no están organizados alrededor de la preservación de la vida, ni de la creación de vínculos, ni del bienestar, sino que están organizados alrededor del poder y de los intereses del capitalismo. Igual como la educación, el trabajo, la política y las relaciones humanas, también el vínculo materno y la crianza se han vuelto esclavos de los principios y leyes del poder y del capitalismo. En este sentido, la crianza se está convirtiendo en otra herramienta para garantizar la supervivencia de un sistema que busca mantener el poder y bienestar de unos pocos, que busca criar seres humanos dispuestos a someter sus deseos, sus necesidades y su naturaleza. Dicho sistema necesita personas que aceptan trabajar hasta enfermarse, que aceptan que deciden sobre sus cuerpos, que aceptan dejar sus hijos con otros, que aceptan sacrificar su vida familiar para poder cumplir con las expectativas laborales; con el fin de encajar en un mundo donde es más importante lo que tienes que lo que sientes, donde es más importante tu posición en el trabajo que tus relaciones familiares, donde es más importante un título que tu capacidad de vincularte con los demás.

Hoy en día se espera de las madres que crían niños y niñas eficientes y obedientes, que sepan dormir solos para que sus padres pueden salir a trabajar sin cansancio, que sepan vivir sin el cuerpo materno, para que después de pocos meses la madre podrá ausentarse durante casi todo el día, que hacen lo que digan los adultos para hacerlos encajar en el mundo de los adultos. De esta manera, se busca que el bebé o el niño aprende lo más pronto posible que sus deseos y necesidades no son los que importan en este mundo, los entrenamos para ser capaces de vivir en un mundo donde constantemente tendrán que negar estas necesidades físicas y emocionales, para someterse ante las estructuras de poder existentes. De la misma forma, las madres aprenden que lo que cuenta no son sus motivaciones internas, su instinto, su necesidad de sostener, cuidar y alimentar a su bebé; lo que cuenta es enseñarle a su bebé a funcionar en este mundo, a negar sus necesidades.

Para que la madre logre criar de esta manera, tiene que cortar ciertas conexiones biológicas y emocionales, y negar parte de su propia naturaleza materna. Por este motivo, la madre que quiere estar todo el día con su bebé en brazos, porque siente la necesidad propia de dar amor y la necesidad del bebé de recibir amor, se titula como madre consentidora, madre que malcría a su bebé. La madre que escucha a sus hijos e hijas y tiene en cuenta sus necesidades y deseos se titula despectivamente como “antiautoritaria” o “hippie”, como una madre que se deja dominar por sus hijos.

Para decirlo con las palabras de Casilda Rodrigañez Bustos (2007): “Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas por la sociedad adulta, a cambio de ser ‘un niñ@ buen@’, es decir, que no llora aunque este sól@ en la cuna, que come lo que manda la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo requiere; que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando viene el sueño; que se traga en fin los propios deseos para, ante todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido cuestionada con la destrucción de la simbiosis; complaciendo a l@s adult@s y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose inocentemente a nuestro Poder fáctico, se acorazan, automatizan y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización del Poder -llámese dinero etc.-“ (p. 65).

Quinto momento de ruptura: La separación de madre e hijo por medio de una reintegración laboral temprano de la madre

El momento de la reintegración a la vida laboral significa un reto grande para madres y bebés, y más cuando se realiza a muy temprana edad del bebé (antes del año). En países como Colombia, la reintegración se realiza a los 4 meses y medio, momento en el que la simbiosis entre madre e hijo todavía es muy fuerte. El bebé apenas se está acostumbrando a su nuevo entorno de vida y la madre apenas comienza a organizar su vida como madre, a organizar su nueva identidad y a acomodarse con la lactancia; las heridas físicas de parto o cesárea todavía no han sanado por completo y el proceso de vinculación madre-hijo está en plena formación. La mayoría de las madres siente mucha ansiedad, dolor y miedo frente a la reintegración laboral después de tan poco tiempo con su bebé, sentimientos que están totalmente acorde con la necesidad de madre y bebé de crear un vínculo fuerte y seguro.

Por otro lado, la reintegración normalmente va a la mano con la terminación de la lactancia materna exclusiva. Los estudios demuestran que en países donde la licencia es corta las madres normalmente no llegan a una lactancia exclusiva hasta los seis meses como lo recomienda la Organización Mundial de Salud. Al contrario, en los países donde la licencia es de mayor tiempo, también los tiempos de lactancia exclusiva y de lactancia complementaria son mayores (1,2). En este caso, la reintegración laboral temprana afecta tanto la creación del vínculo como también la salud de madre y bebé.

La dependencia tanto emocional como biológica del bebé de su madre durante el primer año de vida, demuestra que una separación física como la genera la reintegración laboral temprana no va acorde con la naturaleza humana, ni con las necesidades de la madre ni con las necesidades del bebé; por ende, significa una ruptura en su proceso de vinculación. Se evidencia una vez más, que una política que exige a las madres reintegrarse después de unos pocos meses de haber parido, representa los intereses de la economía, del capitalismo y del dinero, y pone en riesgo la salud emocional y física de la población.

Sexto momento de ruptura: la crianza por terceros

El sexto momento que debilita la generación de un vínculo afectivo fuerte entre madre e hijo es la crianza por parte de terceros desde muy temprana edad; por parte de una niñera, de los abuelos u otros parientes o de una institución de cuidado. En este punto, no me refiero al hecho de aceptar ayuda en el cuidado de los hijos, me refiero al hecho de dejar la mayor parte de las tareas del cuidado (comida, baño, el sueño, el arrullar, el sostenimiento emocional cuando llora, etc.) en mano de otra persona que no sea ni la madre ni el padre; me refiero al hecho de dejar el bebé la mayor parte del día al cuidado de otra persona.

Ser madre es una tarea muy exigente, es una tarea que a veces desespera, que en muchos momentos lleva a las mujeres a sus límites; pero estos son los momentos que generan la fuerte conexión entre mamá y bebé. El deseo de algunas madres de no vivir la parte difícil de la maternidad y dejarla a otros, afecta al vínculo entre ella y su bebé: una maternidad light lleva a un vínculo light. Bañar al bebé, prepararle su comida, darle su comida, dormirlo, arrullarlo en las noches cuando se levanta, etc. hace parte de la maternidad y del vínculo afectivo: el baño es un momento de contacto físico, de piel con piel, de diversión conjunta; la preparación de la comida es un momento de pensar en el bienestar del bebé, en lo que necesita para crecer bien; el hecho de dar la comida al bebé es el momento de alimentarlo, de darle lo que necesita para vivir; arrullarlo para dormir es un momento de mucha cercanía, de transmitir tranquilidad, amor y seguridad; arrullarlo en la noche cuando se levanta es un momento de transmitirle al bebé que siempre estás allí a su lado cuando tenga miedo, cuando te necesita; el juego conjunto, la ida al parque representa una forma de compartir los intereses del bebé y crear momentos de diversión y aprendizaje. Delegar estas tareas a terceros en su mayor parte significa negar una parte importante de la maternidad, una parte que es necesaria para generar este vínculo fuerte y seguro que necesita el bebé para crecer de forma sana y feliz.

Para aclarar nuevamente, aquí no estoy hablando del hecho de buscarse ayuda, porque todas necesitamos ayuda en esta tarea tan exigente; estoy hablando de delegar la mayor parte de las tareas durante la mayor parte del día.

Por otro lado, cuando existe el deseo por parte de la madre de hacerse cargo del cuidado de su bebé, las condiciones laborales, la falta de un apoyo económico por parte del estado y la exigencia de una reintegración laboral temprana representan barreras importantes para poder hacerlo. Cuando una madre tiene la necesidad de trabajar tiempo completo después de su licencia, se le dificulta el cuidado de su bebé y, quiere o no, tiene que dejarlo al cuidado de terceros. En este caso, es la responsabilidad del estado generar condiciones que permiten a madres (y padres) hacerse cargo del cuidado de sus hijos, por lo menos durante el primer año de vida; para garantizar de esta manera el bienestar emocional de los bebés, niños y niñas, los cuales, aunque sean muy pequeños, son miembros importantes de la sociedad.

  1. Marta Díaz-Gómez, N.; Ruzafa-Martínez, M.; Ares, S., Espiga, I., De Alba, C. (2016). Motivaciones y barreras percibidas por las mujeres españolas en relación a la lactancia materna. Revista Española de Salud Publica, vol.90
  2. Becerra-Bulla, F.; Rocha-Calderón, L.; Fonseca-Silva; D.M.; Bermúdez-Gordillo; L.A. (2015). El entorno familiar y social de la madre como factor que promueve o dificulta la lactancia materna. Revista de la Facultad de Medicina Vol. 63 (2): 217-227