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“Separar a los niños recién nacidos de sus madres no es ingenuo, tampoco es casualidad ni es un error” (Gutmann 2003); con esta declaración Laura Gutmann lleva el tema del parto y de su manejo actual en muchos países a un nivel político y social: si no es casualidad ni un error, debe tener alguna intención en el hecho de separar a los bebé de sus madres desde el nacimiento. Su respuesta ante esta inquietud, como también la de otros profesionales, es clara: esta separación tiene como motivo facilitar la dominación de las personas y mantener las estructuras de poder (1,2). Las personas emocionalmente necesitadas, desconectadas de sus propias emociones, son las personas que luego se dejan dominar de manera fácil a través de unas promesas de bienestar, a través de una figura paterna o materna que nos promete afecto y ser reconocidos. Pero, ¿cómo generan esta desconexión? Muchos profesionales están de acuerdo que se genera a partir de un sistema que lleva a romper el vínculo natural de madre e hijo; a continuación quiero explicar cómo funciona este proceso de desconexión, para empoderar a los futuros padres de recuperar este vínculo natural y protector que ha permitido la supervivencia de la especia desde el principio.

Quisiera demostrar de qué forma se inicia la ruptura del vínculo a partir de la intervención médica, de reglamentos equivocados o de desinformación, en los diferentes momentos determinantes para la relación madre-hijo.

Primer momento de ruptura: El embarazo sin tiempo para la conexión

Hoy en día es conocido que el tiempo del embarazo es fundamental para el desarrollo del bebé. Por este motivo, se prohíbe el consumo de alcohol y de tabaco, hay recomendaciones en cuanto a la alimentación de la madre y programas de los gobiernos para el cuidado prenatal. Pero no únicamente el cuidado físico es importante durante los meses de embarazo; las teorías enfocadas en el apego de madre-hijo descubrieron hace tiempo que además del bienestar físico, es fundamental el bienestar emocional de la madre embarazada y la conexión emocional que logra desarrollar con la criatura en su vientre; una conexión que representa el inicio del apego y del vínculo afectivo entre ambos.

Sin embargo, esta conexión es difícil de construir si la madre está ocupada con otras cosas y no tiene la tranquilidad de conectarse con su bebé. Muchas veces, la única preparación consiste en una cantidad de controles médicos, pero no hay un sistema que incentiva la conexión emocional; y no solamente hace falta un sistema que incentiva dicha conexión, el sistema de hecho pone barreras para la generación de la conexión a partir de sus reglamentos laborales. El hecho de que las madres tienen que trabajar hasta el último día de su embarazo (al menos que quiere sacrificar tiempo con su bebé nacido cortando su licencia), no permite el tiempo suficiente para hacer del embarazo un momento de conexión; el embarazo se vuelve una carga, la barriga pesa, el cansancio normal del embarazo representa un estorbo para la productividad y el cumplimiento de las metas laborales.

Además de la carga laboral se suma la necesidad de preparar la llegada del bebé, una tarea que podría hacer parte de la preparación mental para la llegada de un nuevo integrante familiar; una preparación que es fundamental para poder manejar los retos, las emociones y los cambios que esta llegada implica. Una madre necesita preparase para el parto, para el post-parto y para la lactancia, pero con la carga de un trabajo tiempo completo esto no es posible. En este sentido, el reglamento político que determina que una mujer embarazada tiene que trabajar hasta el último día de su embarazo y que no establece un tiempo de protección y preparación regulado, lleva al primer momento de la ruptura del vínculo natural de madre e hijo.

Segundo momento de ruptura: El nacimiento desnaturalizado y la separación de mama y recién nacido

Después de 9 meses de embarazo sin mucha posibilidad de preparación mental y creación de conexión, llega el momento del nacimiento; un momento lleno de milagros naturales que uno por uno permiten el nacimiento no solamente de un ser humano sino también de un vínculo único entre una madre con su hijo. El parto es un acto de amor y entrega entre dos seres, ambos guiados por la naturaleza, los instintos y la fuerza de la vida. En este proceso, es la fisiología de la mujer que permite el nacimiento y que garantiza al mismo tiempo el nacimiento del amor materno como condición de la vida humana. El amor materno se relaciona con el complejo sistema hormonal femenino que se activa durante el trabajo de parto y el parto. Odent lo describe de la siguiente forma: “Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos. Es entonces cuando se establece esa relación de apego o vínculo, ya que los opiáceos crean un estado de dependencia” (3). De esta forma, la naturaleza garantiza que la simbiosis del bebe con madre del embarazo se mantiene fuera del útero. Sin embargo, para que este se active de la mejor forma es necesario respetar ciertas condiciones; entre ellas un ambiente de tranquilidad y confianza que respeta los tiempos de la naturaleza (para conocer más sobre la fisiología del parto la función del sistema hormonal consulta entre otros Michel Odent – El Nacimiento y Los Orígenes De La Violencia).

Sin embargo, hoy en día el nacimiento de un bebé se ha vuelto un asunto médico; ya no se trata de un momento entre una madre poderosa guiada por la naturaleza y un bebé en necesidad del amor maternal, sino se trata de un procedimiento médico, liderado por una tercera persona que por naturaleza no hace parte del nacimiento y que normalmente está influenciada por un sistema donde el beneficio monetario y el deseo por el poder determina toda decisión y acción (empezando por la industria farmacéutica y el sistema privado de salud). El médico es el que extrae al bebé, el complejo sistema hormonal se interrumpe a partir de los medicamentos evitando que la hormona del amor (la oxitocina) comienza a hacer su magia, la lactancia se complica por las intervenciones médicas y la necesidad principal del bebé, que es el cuerpo acogedor y conocido de su madre, se ignora separándolos después del nacimiento. El nacimiento se vuelve un acto frio, de extracción de un bebé del vientre de su madre, un acto de separación de dos cuerpos, rompiendo de forma abrupta la simbiosis que vivieron durante el embarazo. Aquí tenemos el segundo momento de ruptura del vínculo afectivo.

Tercer momento de ruptura: Las barreras para empezar y mantener la lactancia materna

El sistema hormonal activado por el trabajo de parto y parto también es el responsable para que el cuerpo femenino comienza a producir leche materna. En este sentido, cualquier intervención que interrumpe dicho sistema puede dificultar el inicio de la lactancia. Y ¿por qué es tan importante la lactancia? Porque representa otro momento clave en la creación del vínculo y apego entre madre e hijo (aquí no voy a hablar de sus beneficios en cuanto a salud de madre e hijo, me voy a enfocar en su función para el vínculo). Cuando la madre amamanta se eleva su nivel de la hormona del amor, la oxitocina, generando un estado de placer y amor. Lo mismo ocurre con el bebé, que por medio de la leche recibe esta misma hormona del cuerpo de su madre. Además, la lactancia es un momento de cariño, de contacto físico, de miradas enamoradas, que fortalece el vínculo afectivo y que mantiene viva la simbiosis vivida durante el embarazo. El bebé de cierta forma no se ha separado por completo del cuerpo materno, ya que sigue recibiendo alimentos a través de él. Se genera un estado de dependencia importante para la vida humana, ya que garantiza la presencia de la madre y de su cuerpo durante los primeros meses del bebé.

Hoy en día hay muchas madres e hijos que no tienen la fortuna de experimentar estos momentos de vinculación tan importante, ya que el proceso de iniciar la lactancia se ha complicado a partir de las múltiples intervenciones médicos, de la desinformación y de la falta de apoyo por parte de los profesionales. El factor más importante para una lactancia exitosa es la confianza de la madre en su propio cuerpo. En un mundo, donde las personas se han desconectados de su cuerpo para conectarse con la tecnología, con su trabajo, etc., es considerablemente difícil desarrollar esta confianza. La desconexión de la naturaleza humana a su vez no es casualidad, es intencionada por parte de un sistema capitalista que necesita personas no conscientes de lo que necesita su cuerpo para poder venderle todo lo que le da la gana. Este sistema pone el beneficio monetario por encima del bienestar del ser humano. Por este motivo, la información que se divulga sobre la lactancia muchas veces tiene la intencionalidad de debilitar la confianza de las mujeres en su cuerpo; la industria quiere hacer creer que el cuerpo materno no produce lo que necesita su bebé y que sería irresponsable no recurrir a la alimentación artificial (“el pobre bebé tiene hambre”…). El beneficio monetario también es el motivo por la falta de apoyo en las clínicas; no hay un interés de promover la lactancia, ya que cada madre lactando significa una pérdida de ganancias para la industria. Las barreras y la falta de apoyo en cuanto a la lactancia materna representan por ende el tercer momento de ruptura de vínculo.

Sigue leyendo en el próximo artículo: el cuarto, quinto y sexto momento de la ruptura del vínculo

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  1. Gutman, L. (2013). La Biografía Humana. Una nueva metodología al servicio de la indagación personal. Gurpo Eidtorial Planeta, S.A.I.C. p. 106
  2. Rodrigañez Bustos, C. (2007). TENDER LAURDIMBRE El parto es una cuestión de Poder I Congreso Internacional de Parto y Nacimiento en Casa Jerez, 2000
  3. Odent, M. (2003). El Nacimiento y los Orígenes de la Violencia. Revista Ostare nº 7, invierno 2002 (pp.46-50)