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¿Qué significa el control de esfínteres dentro del desarrollo del niño?

El control de esfínteres normalmente se da entre los 18 meses y los 3 años. Si pensamos en el desarrollo de los niños a esta edad nos podemos dar cuenta que cae justo en la época en la que aparecen también las rabietas, y que se caracteriza por un aumento en cuanto a la autonomía infantil; aprenden a comer solos, a caminar, a luchar por lo que quieren, etc. En este sentido, el control de esfínteres hace parte del importante proceso de ganar autonomía e independencia, de llegar de un control externo a un control interno.

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En cuanto al desarrollo de la identidad, es el momento en el cual el niño empieza a identificar que tiene su propia voluntad, que puede expresar deseos y luchar por ellos. Mientras el niño en su primer año de vida se define a partir de lo que el adulto le da, en esta segunda etapa se define a partir del desarrollo de su propia voluntad. En este sentido, Erik Erikson titula este momento de desarrollo como el cambio del “Soy lo que me dan” al “Soy lo que quiero”. La meta de esta segunda etapa es el desarrollo de una autonomía saludable que refuerza los sentimientos de seguridad y autoconfianza en el niño (1). En este sentido, el control que el niño va adquiriendo sobre su cuerpo durante el proceso de controlar sus esfínteres se verá reflejado en el control que toma sobre otros aspectos de su vida.

Al mismo tiempo, es un proceso biológico que está relacionado con procesos corporales y el reconocimiento de estos; es un proceso a través del cual el niño aumenta su consciencia sobre su propio cuerpo y aprende a leer y a conocerlo de forma mejor. Por lo tanto, es uno de los procesos que dan inicio a la consciencia corporal y que, dependiendo del manejo que se les da, influyen sobre la relación que el niño va desarrollando con su cuerpo. Como padres debemos tener en cuenta que nuestras intervenciones tienen un efecto en la imagen corporal que desarrollará el niño; dependiendo de nuestra forma de manejo el niño puede desarrollar una imagen positiva y amorosa de su cuerpo o una imagen negativa y vergonzosa.

¿Cómo apoyar al niño en su proceso de aprendizaje?

Acompañamiento amoroso y comprensivo

El control de esfínteres es un proceso biológico de maduración, por lo cual es un proceso que podemos apoyar, pero que no podemos esforzar ni adelantar. Cada niño tiene procesos de maduración distintos, con tiempos particulares; no es posible establecer tiempos fijos para comenzar a “entrenar” al niño a controlar sus esfínteres. El tiempo correcto para empezar el apoyo lo deberíamos identificar a partir de la observación y de la identificación de ciertas señales que nos indican que ya podría estar listo. Estas señales pueden ser:

  • El niño comienza a interesarse por el inodoro y lo que las personas hacen allí
  • Empieza a avisar con palabras o señas cuando el pañal está lleno
  • El niño se busca un lugar tranquilo para hacer sus necesidades en el pañal
  • El niño se muestra incómodo con el pañal sucio
  • Logra bajarse el pantalón y sentarse solo en la vasenilla

Considerando que se trata de un proceso natural de maduración, queda evidente que no es un proceso que se entrena, es un proceso que se permite y que se apoya a partir de condiciones adecuadas y del sostenimiento emocional.

Es importante darle tiempo al niño para cada paso en este proceso; en este sentido es recomendable empezar primero con el control de esfínteres diurno, y cuando este se haya logrado, seguir con el control de esfínteres nocturno. Este último normalmente se inicia cuando el niño haya despertado varias noches seguidos con el pañal seco.

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Permitirle sentir

Para aprender a controlar los esfínteres e ir al baño es necesario que el niño aprenda a identificar y reconocer ciertas señales que le manda su cuerpo durante este proceso. El niño tiene que aprender a identificar la sensación de tener la vejiga llena, de la urgencia por orinar, cómo se siente cuando sale el chichí, y luego tendrá que aprender cómo aguantar hasta llegar al baño. Es un proceso con diferentes etapas que implica ganar consciencia sobre ciertas sensaciones corporales que antes funcionaban de manera inconsciente. Para ello es necesario que el niño sienta cuando está mojado o sienta cuando le está saliendo algo, cosa que mientras llevan un pañal no es posible ya que los pañales hoy en día son muy absorbentes. Con un pañal puesto además no pueden observar el resultado físico de lo que hicieron. Si queremos entonces que el niño gane consciencia de sus procesos corporales y aprenda a identificar los señales de su cuerpo tenemos que permitirle a sentir y observar. Para esto sirve dejarlo sin pañal y solo con pantis en casa, ya que de esta manera se da cuenta de que algo le está saliendo; poco a poco podrá relacionar de mejor manera las señales de su cuerpo con la salida del chichí o del popó. Podemos apoyar el proceso de reconocimiento e identificación a partir de las preguntas y nombrando lo que está pasando: “¿tienes ganas de hacer popó?”, “mira, te salió un chichi”.

Permitirle experimentar

La curiosidad es el motor del desarrollo infantil; es gracias a ella que el niño anhela a explorar, experimentar y conocer al mundo que lo rodea. Este don de la naturaleza hay que aprovecharlo al máximo, dándole al niño la libertad, el apoyo y las condiciones adecuadas para vivir su curiosidad. Para el control de esfínteres esto se puede manifestar en el deseo de ver el chichí o el popó, incluso el de nosotros, los padres; o se puede manifestar en muchas preguntas; o en el hecho de que el niño nos quiere acompañar al baño para ver qué hacemos allá. Todo aquello se debe tratar con mucha naturalidad lo cual permitirá que el niño desarrolle una relación sana con su propia corporalidad.

Permitirle practicar

Un proceso de aprendizaje y maduración siempre implica tiempo de práctica; nada importante se aprende de hoy a la mañana. El aprendizaje de algo nuevo necesita un tiempo de práctica, de exploración y de experimentación; implica tomar pasos adelante y pasos atrás, ambos hacen parte del proceso y permiten al final lograr el objetivo. En este sentido, es importante permitir el tiempo de práctica que el niño necesita, permitir pasos adelante, pero también permitir pasos atrás que en conjunto se convertirán en el aprendizaje deseado. Un chichí no aguantado o un popó en el piso no son un fracaso, son un paso necesario para lograr el control de esfínteres. Para no generar un sentimiento de culpa, fracaso o vergüenza es fundamental enfrentar estos momentos con tranquilidad, no darle demasiada importancia y darle la confianza al niño que no ha hecho nada malo ni vergonzoso, sino que es completamente normal que pueda pasar.

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Los niños aprenden a partir del juego, de la curiosidad, de la diversión y del placer, así que debemos intentar de convertir el control de esfínteres en un proceso lúdico y divertido. El estrés y la angustia por contrario, impiden los procesos de aprendizaje.

¿Cuáles problemas se pueden presentar y cómo lidiar con ellos?

La mayoría de los problemas que se pueden presentar durante el proceso de aprender el control de esfínteres están relacionados con estrés y angustia. La digestión y el proceso de soltar el chichí o el popó es un proceso que se desarrolla de mejor forma en un estado de relajación y en un ambiente de confianza. Por este motivo, muchas personas adultas pueden presentar problemas de digestión en momentos que experimentan estrés (diarrea, estreñimiento, etc.). Lo mismo pasa en los niños, y por lo tanto es importante evitar la angustia, el estrés o el miedo cuando se trata de aprender a controlar los esfínteres.

Al mismo tiempo deberíamos recordar que el control de esfínteres hace parte del proceso infantil de ganar autonomía e independencia y que cae justo en el mismo momento de las rabietas y berrinches. Es importante evitar que el ir o no ir al baño se vuelve un tema de conflicto y de pelea entre padres e hijos. En caso que se nota que comienza a volverse en una pelea, es mejor bajar la presión, dejar el proceso unas semanas y comenzar de nuevo cuando todo se haya tranquilizado.

En caso de que el niño presenta algún problema durante el aprendizaje sería importante que los padres reflexionen sobre sus expectativas, sus deseos, sus miedos o sus propias experiencias relacionados con el control de los esfínteres: ¿Cuáles expectativas tengo en cuanto a este proceso?, ¿tengo alguna expectativa en cuanto a su duración?, ¿tengo miedo que otros me pueden juzgar por que mi niño todavía usa pañal?, ¿me siento decepcionada/o cuando mi hijo/a no logra llegar al baño a tiempo? en caso que sí ¿por qué me siento decepcionada/o?, ¿cómo me siento y cómo reacciono cuando mi hijo/a no logra llegar al baño a tiempo? y ¿cómo podría hacer sentir a mi hijo/a con esta reacción mía? Estas serían algunas de las preguntas que nos podríamos hacer para iniciar el proceso de reflexión.

También es posible que nos damos cuenta que aún no fue el momento y que el niño en verdad todavía no está listo. En este caso podemos hablar con él y explicarle que de pronto sería mejor dejar este proceso para más tarde.

De la misma forma, podemos reflexionar si hay otras circunstancias actuales que pueden estar interfiriendo en el proceso. No es recomendable comenzar el control de esfínteres cuando haya otras situaciones de grandes cambios como puede ser la entrada al jardín, la llegada de un hermanito u situaciones de crisis familiar.

Recuerda siempre: se trata de un proceso biológico y natural que todos los niños logran en algún momento. No le des demasiada importancia e inícialo con calma y confianza.

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  1. Erikson, E. H. (1980). Identity and the life cycle. New York, NY, US: W W Norton & Co.