kindliche_sexualitat

Tarde o temprano los padres nos encontramos enfrentados con los comportamientos y la curiosidad sexual de nuestros hijos o hijas. Para muchos de nosotros son situaciones extrañas que nos pueden producir cierto rechazo, temor, vergüenza o inseguridad. La sexualidad y la infancia han sido tratadas por mucho tiempo como dos conceptos incompatibles; una consecuencia de una comprensión equivocada tanto de la inocencia infantil como también de la sexualidad infantil. La sexualidad infantil es inocente; no tiene connotación de malicia, ni de moralidad, es simplemente una expresión normal del desarrollo infantil. Para poder responder como padres con la misma naturalidad con la que ellos viven su sexualidad, es importante comprender cuáles son los comportamientos normales. Al mismo tiempo, para poder proteger a nuestros hijos o hijas ante situaciones de abuso, también es importante saber cuáles son los comportamientos no normales.

¿Qué es la sexualidad infantil?

Según la OMS el término Sexualidad abarca el erotismo, los vínculos afectivos, el amor, el sexo, el género y la reproducción. Además, se destaca que la sexualidad está circunscrita por un contexto histórico y cultural (1). En este sentido, los seres humanos desde que nacemos somos seres sexuados y lo seguimos siendo a lo largo de la vida. Sin embargo, la forma de vivir nuestra sexualidad no es la misma en el tiempo, va evolucionando y cambiando con los años. Pilar Morales Laplaza y Teresa Senar Zúñiga, dos matronas españolas, definen el asunto de la siguiente manera:

“Los seres humanos somos seres sexuados desde que nacemos hasta que morimos. Así, entendemos la sexualidad como una cualidad humana inherente a la existencia en continua evolución, una forma de encuentro, manifestación, relación y comunicación de las personas a través de sus elementos biológicos, psicológicos, afectivos, socioculturales, éticos y religiosos”

Como bien dicen estas matronas, la sexualidad es un proceso siempre presente durante la vida humana, pero en cambio continuo. Por eso, la sexualidad infantil es muy diferente a la sexualidad adolescente o adulta. En este sentido, la sexualidad infantil es una experiencia de sentir y descubrir. Es un proceso durante el cual el bebé o niño empieza a conocerse, a conocer su cuerpo, a desarrollar una identificación de género y a sentir placer. Pero diferente a los adultos, los niños no utilizan la sexualidad para expresar amor o dar placer; en este sentido, es una sexualidad egocéntrica.

¿Cómo se desarrolla la sexualidad infantil?

  1. Etapa oral

En el primer año de vida la sexualidad está relacionado con el vínculo afectivo de bebé y madre. El bebé vive su sexualidad principalmente a través del amamantamiento, por lo cual se conoce esta etapa como la etapa oral; incluyendo la sucesión del pecho materno, el descubrimiento del mundo externo por la vía oral (cuando el bebé se lleva a la boca todo lo que encuentra), el balbuceo, y los dolores de la dentación. Pero el amamantamiento no únicamente representa una actividad que satisface el hambre, sino también una actividad que satisface la necesidad de afecto y sostenimiento; el abrazo de la madre, el piel a piel, su olor, la sucesión, todo aquello son experiencias placenteras para el bebé. En este sentido, el bebé vive el placer en su primer año a través de la satisfacción de sus necesidades básicas: la comida y el sostenimiento emocional.

Al mismo tiempo, se puede observar cómo el bebé desde los primeros meses de vida empieza a descubrir su cuerpo. Este proceso comienza con el contacto piel a piel que tiene con su madre y su padre, y sigue con el descubrimiento de partes de su cuerpo como las manos y los pies. Cuando uno observa los bebés ve que pueden pasar largos ratos mirando con mucha intensidad a sus propias manos o a sus propios pies, moviéndolos y tocándolos. En esta actividad comienzan a entender que estos hacen parte de su cuerpo, que tienen una conexión con ellos y que incluso pueden controlar sus movimientos. De esta manera, comienzan el camino del reconocimiento de su cuerpo como suyo, como herramienta de entrar en contacto con el exterior, como herramienta de comunicación y como origen de placer y dolor.

Etapa anal

La segunda etapa se conoce como la anal y está caracterizada por el hecho de encontrar placer en el aumento de autonomía. Es la edad en la que el niño poco a poco aprende a controlar su cuerpo, a caminar, a comer solo y a contener y expulsar la orina y las heces. El hecho de poder retener y expulsar la orina y las heces genera sentimientos de placer en el niño pequeño; por este motivo, durante el proceso del control de esfínteres el enfoque del niño en cuanto al descubrimiento corporal se desplaza hacia los genitales y el ano. Es de gran importancia no expresar asco ni culpa en la fase del control de esfínteres (por ejemplo por no haber podido contener hasta llegar al baño o “accidentes” parecidos), ya que esto más adelante puede generar sentimientos de asco y vergüenza hacia los propios genitales y, por consecuencia, hacia la propia sexualidad.

Etapa fálica

La tercera etapa es la fálica y puede empezar a partir de los 2 años; durante esta los niños se empiezan a interesar por sus propios genitales y por los de los demás. Empiezan a reconocer diferencias corporales, lo cual inicia el proceso de identificación de género. Por consecuente, los niños empiezan a estar muy atentos en cuanto a las diferencias entre ellos mismo y mamá o papá, o entre ellos y sus amigos o amigas. Empiezan a revisarse a sí mismo, a sus genitales y el ano, con el fin de conocer. En este proceso, seguro que harán preguntas sobre lo que ven y descubren. Al mismo tiempo, pueden estar interesados en ver a su mamá, a su papá o a sus amigos desnudos. Este interés nace del deseo de entender mejor y de constituirse como sujeto: ¿quién soy?, ¿cómo soy?, ¿en qué soy parecido a otros y en qué soy diferente?, ¿de cuáles grupos hago parte (por ejemplo del grupo de las niñas o del grupo de los niños)? A través de estas preguntas (que los niños se hacen más bien de forma inconsciente) el niño o la niña comienza a entender el concepto de hombre y mujer, tal como los atributos que hacen parte de estos, y el rol que trae consigo ser mujer o ser hombre dentro de la sociedad. Además de reconocer las diferencias, empiezan a descubrir que ellos mismos se pueden generar placer; comienzan a experimentar con su cuerpo, a tocarse donde se sienta agradable, lo cual presenta una forma de masturbación y es un comportamiento totalmente normal en los niños y las niñas de esta edad. También es posible que se tocan en público ya que todavía no entienden que sus genitales y su placer es un asunto privado. En este caso los padres pueden hablar con él o ella en privado para explicarle que esto no es nada malo, pero que se debe hacer en privado.

Después de la etapa fálica, el niño (aproximadamente a los 7 años) entrará en una etapa latente, en la cual no demuestra mucho interés por el tema de la sexualidad. Esta durará hasta el inicio de la adolescencia.

¿Cómo debemos reaccionar frente las demostraciones de sexualidad de nuestros hijos/as?

Para responder esta pregunta, he recurrido a una experta en el tema: Ana Rita Russo, Psicóloga Clínica, directora de la Maestría en Psicología Clínica y del Programa de Desarrollo Psicoafectivo y Educación Emocional de la Universidad del Norte.

¿Cuáles son comportamientos infantiles normales en cuanto a la sexualidad?

Ana Rita Russo: Entre los 3 y los 6 años es normal que los niños empiezan a desarrollar la curiosidad sexual y comienzan a hacer preguntas en cuanto a la diferenciación del cuerpo, a las diferencias entre la niña y el niño, al proceso del nacimiento o de la concepción de los bebés. Esta curiosidad sexual no se evidenciará únicamente a través de las preguntas, sino también a través de la experimentación de ciertas sensaciones en su cuerpo: el cosquilleo, lo que llamamos el auto-erotismo, y es normal que el niño o la niña se toca o frota su zona genital para estimularse. También es normal que quieren ver su cuerpo y el de los demás para darse cuenta de las diferencias y similitudes. Todo esto es lo que los psicólogos llamamos la pre-genitalización.

¿Cómo debemos reaccionar los padres frente a la curiosidad sexual normal de nuestros hijos?

Ana Rita Russo: Los padres debemos reaccionar con mucha naturalidad, ya que se trata simplemente de un proceso de descubrimiento, así como cuando descubren el placer de chupar sus manitos durante los primeros meses de vida o cuando descubren el placer de poder controlar sus heces durante la despañalización. Son simplemente sensaciones del cuerpo que está experimentando. Es importante que ellos pueden vivir su curiosidad sin prohibiciones ni juicios morales. En caso que a los padres les incomoda demasiado la situación de curiosidad, pueden llevar a sus hijos a otro tipo de placer, lo cual se llama el desplazamiento placentero. En este sentido, el placer infantil no se centra únicamente en el placer corporal erótico, sino también los niños experimentan placer a jugar, a ir al parque, a leer un libro, etc. Los padres de forma natural pueden llevar a sus hijo a otro tipo de placer, como el juego infantil, ofreciéndoles de esta manera un desplazamiento placentero, sin darle mucho color a lo que esta ocurriendo.

Frente a las preguntas hay que ser muy natural, hablarles sin tabú y con la mayor naturalidad sobre estas sensaciones. Para hablarles de este tema es preferible que son los niños los que pregunten. En este contexto hay dos connotaciones en la psicología, una es adelantarse y comentar, y otra es responder. Yo soy partidaria de responder a la curiosidad de los niños y no adelantarse; porque cada niño tiene su tiempo para hacer sus preguntas y para hacer la diferenciación, y es importar respetárselo. Eso sí, los padres deberíamos estar preparados para responder estas preguntas en el momento que llegan, porque seguramente llegarán.

¿Cuáles serían comportamientos no normales?, ¿Cuándo tendríamos que consultar con un experto?

Ana Rita Russo: Lo que no es normal es cuando vemos conductas genitalizadas en los niños, relacionadas con la sexualidad en pareja: lo que llamamos la escena primaria (el acto del sexo entre dos personas), o cuando los escuchamos hablar de situaciones relacionadas con el sexo oral o anal. En este momento sí hay que preguntar para averiguar donde lo ha visto o si alguien le está haciendo algo que lo lleva a estas preguntas. También hay que prestar atención si el comportamiento se vuelve compulsivo, cuando hay mucha compulsión en la curiosidad sexual. En este caso, hay que ir a que lo evalúe un terapeuta o un psicoterapeuta. Otro punto que hay que tener presente es cuando el niño híper-reacciona negativamente cuando se le habla de la sexualidad. También en este caso hay que ver qué está ocurriendo para que se genere este tipo de reacción.

En conclusión, los comportamientos no normales serían la masturbación excesiva, la búsqueda excesiva de la estimulación de las zonas genitales, o movimientos que muestran lo que es la escena primaria (el acto del sexo en pareja) o conversaciones, preguntas o palabras relacionadas con esta, como también con el sexo oral o anal. Por último, se considera como un comportamiento no normal la híper-reacción negativa frente la curiosidad sexual o cuando no quieren saber nada del tema.

¡Muchas gracias!

 

  1. UNESCO (2014). Educación Integral de la Sexualidad: Conceptos, Enfoques y Competencias. Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago)