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Muchos padres comparten la preocupación que su hijo o su hija no come suficiente o no come bien. Es un tema en la crianza que puede causar mucho sufrimiento para ambos, padres e hijos/as, y que vuelve a un momento que debe ser un momento en el cual comparte toda la familia, en un momento de estrés y discusión. A mí me hace recordar esta temática a una profesora de inglés que tuve en el colegio, quien en varias ocasiones nos dijo: “You can take a horse to the water, but you cannot make it drink” (traducción: Puedes llevar a un caballo al agua, pero no puedes hacer que tome). Hoy en día, a la luz de algo más de experiencia, entiendo bien lo que ella nos quería decir con esto. Y creo que la misma enseñanza se puede aplicar en muchos ámbitos de la vida, sobre todo en la crianza. Aplicando el lema al tema de la comida, nos quiere hacer reflexionar sobre que en verdad podemos llevar nuestro hijo/a a la mesa pero no podemos obligarlo/la a comer (por lo menos sin utilizar la violencia); lo único que podemos hacer es generar un espacio o una experiencia que los invite a comer.

Analizando bien qué implica el acto de comer, se vuelve evidente que no se trata únicamente de un acto de nutrición; es un acto donde entra el amor (hacer la comida para alguien), es un acto social (un momento de compartir con otros), es una experiencia sensorial (el olor, la presentación, el sabor, la textura, etc.) y es un acto en el cuál entra nuestro sentido estético (que se vea bonito). Todos estos aspectos se deben tener en cuenta y cuidar a la hora de comer, para que se vuelva una experiencia plena y placentera. Haber dicho esto, concluyo que para mí la pregunta clave en esta temática no es ¿qué puedo hacer para que mi hijo o mi hija come?, sino ¿cómo romper el ciclo de angustia, frustración y mal ambiente alrededor de la comida, para poder generar un espacio de armonía, paz y alegría a la hora de comer?

…El texto completo lo encuentras en mi libro “Construyendo Vínculos”